Mientras los bosques sigan siendo bosques: 30 años de compromiso comunitario en México

UCDFI Topia / Juan Corral
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Marzo 12, 2026
Categoría : Noticias generales

En distintas regiones del mundo, los bosques comunitarios enfrentan un reto común: cómo mantenerse económicamente viables sin comprometer los ecosistemas que los sostienen. El aprovechamiento de corto plazo puede generar ingresos inmediatos, pero con frecuencia debilita el futuro del bosque y de las comunidades que dependen de él.

El caso del Ejido Salto de Camellones, en el estado de Durango, México, ofrece una perspectiva distinta. A lo largo de varias décadas, esta comunidad ha demostrado que pensar a largo plazo, respaldado por reglas claras y acceso a mercado, puede convertir al bosque en un activo productivo estable y diversificado.

Un bosque manejado en el tiempo, no agotado

El manejo forestal en Salto de Camellones no comenzó con la certificación. La comunidad ha trabajado su bosque desde la década de 1970, construyendo conocimiento local y sistemas de gobernanza en torno a su uso. La certificación llegó después, como una mejora estructural: ayudó a formalizar prácticas, fortalecer la planeación y conectar al ejido con mercados más estables.

Actualmente, el ejido maneja 11,903 hectáreas de bosque bajo manejo forestal responsable. Esta superficie se ha mantenido prácticamente sin cambios a lo largo del tiempo. Los ajustes se han concentrado en la planeación operativa, no en la expansión. El bosque sigue siendo el mismo activo que hace décadas: en pie y productivo.

Producción constante alineada con la regeneración del bosque

La producción de madera continúa siendo una actividad económica central para el ejido. En lugar de maximizar rendimientos de corto plazo, los niveles de aprovechamiento se mantienen alineados con la capacidad de regeneración del bosque.

En los últimos años, el volumen anual de aprovechamiento se ha mantenido dentro de un rango consistente, con un promedio cercano a los 14 mil metros cúbicos por año, sin picos abruptos ni crecimientos forzados. La relevancia de esta cifra no está en su magnitud, sino en su estabilidad en el tiempo: el bosque sigue generando ingresos sin reducir su base productiva.

Este enfoque se sostiene mediante ciclos de manejo de cinco años, que permiten evaluar resultados, ajustar decisiones y prevenir impactos irreversibles.

UCDFI Topia / Juan Corral
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Diversificación más allá de la madera

Como ocurre con cualquier modelo económico resiliente, Salto de Camellones ha buscado reducir su dependencia de una sola fuente de ingresos. En los últimos años, el ejido ha incorporado actividades complementarias que fortalecen la economía local sin incrementar la presión sobre el bosque.

Un ejemplo es el patrocinio multianual de servicios ecosistémicos enfocados en agua, impulsado por la empresa de alimentos y bebidas Herdez. Esta iniciativa comenzó en el ejido Topia y, tras observar resultados positivos, no solo en la salud del bosque y del agua, sino también en el bienestar comunitario y la generación de empleo, la empresa decidió ampliar su apoyo. En 2025, el patrocinio llegó a Salto de Camellones.

De manera paralela, el ejido participa en proyectos activos de carbono vinculados al manejo forestal. Estos proyectos ya han generado ventas de créditos de carbono y cuentan con inventario comprometido para futuras transacciones, integrando los servicios ecosistémicos como una fuente adicional de ingresos sin cambiar el uso del suelo ni aumentar los niveles de aprovechamiento.

Cadenas de valor lideradas por mujeres y mercados internacionales

La diversificación también ha abierto nuevas oportunidades dentro de la comunidad. Desde 2019, 14 mujeres artesanas de Salto de Camellones participan en Profoarte, un colectivo integrado por mujeres de distintos ejidos de Durango que elaboran artesanías a partir de productos forestales no maderables.

Esta actividad genera ingresos adicionales compatibles con la vida local, permitiendo a las mujeres trabajar desde sus comunidades mientras agregan valor a los recursos del bosque. Los productos de Profoarte han llegado a mercados internacionales a través de su participación en Artigiano in Fiera, una de las ferias de artesanía y diseño más importantes de Milán, donde el grupo ha participado en dos ediciones con ventas exitosas y contacto con compradores potenciales.

Estas iniciativas muestran cómo el manejo forestal comunitario puede ir más allá de la materia prima, incorporando diseño, identidad cultural e innovación de mercado.

Gobernanza, financiamiento y verificación

Detrás de este modelo de largo plazo existe una estructura sólida de gobernanza y acompañamiento técnico. Un actor clave en este proceso ha sido la Unidad de Conservación y Desarrollo Forestal Integral Topia (UCDFI Topia), que ha acompañado al ejido tanto en los procesos de certificación forestal como en el desarrollo y financiamiento de proyectos complementarios.

A través de la estructuración de iniciativas y la movilización de recursos provenientes de organizaciones de la sociedad civil y de instancias públicas, UCDFI Topia ha contribuido a que el manejo forestal responsable se traduzca en oportunidades económicas concretas para la comunidad.

La certificación bajo los estándares de FSC ha funcionado como un sistema habilitador: proporcionando verificación independiente, reglas claras de manejo y credibilidad de mercado que respaldan la planeación y la toma de decisiones a largo plazo.

Mantener el equilibrio para una visión a largo plazo

Tres décadas después, el bosque en Salto de Camellones sigue en pie: manejado, productivo y central en la vida de la comunidad.

El valor que aquí se genera no proviene de acelerar el uso, sino de mantener el equilibrio. Los ingresos fluyen sin erosionar el activo. Surgen nuevas oportunidades sin incrementar la presión.

Mientras los bosques sigan siendo bosques, las comunidades permanecen arraigadas. Y el pensamiento de largo plazo se vuelve tangible.

UCDFI Topia / Juan Corral