Man looking with binoculars across MBR forest canopy in Guatemala

En los últimos meses los incendios forestales se han acrecentado, dañando gravemente los principales bosques del mundo y arrasando con ellos a ecosistemas, comunidades y vida silvestre. En lo que respecta a Latinoamérica, los países más afectados han sido Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y México.   

Asimismo, el humo generado por la combustión incrementa la contaminación atmosférica mientras que consume la reserva natural de carbono que nos ayudaba a mitigar el cambio climático, desencadenando temperaturas más elevadas y ambientes secos, los cuales son factores que contribuyen a que se amplifiquen los incendios.  

De acuerdo a WWF y Boston Consulting Group, se estima que los seres humanos son responsables de alrededor del 75% de todos los incendios forestales, y gran parte del aumento de los mismos durante el presente año puede estar directamente relacionado a la conversión de tierras para uso agrícola o ganadería, así como un escaso manejo forestal. Asimismo, según los registros de los años 2000 al 2015, el 85% de la superficie quemada anualmente se encuentra en las sabanas tropicales, que constituyen el 19% de la cobertura terrestre total. 

Ante este complicado y amenazante panorama, consideramos oportuno compartir un ejemplo de cómo a través de una gestión forestal sostenible es posible reducir significativamente la ocurrencia de los incendios forestales. La Reserva de la Biosfera Maya (RBM), es el complejo de áreas protegidas más grande de Centroamérica. Fue creado por el gobierno de Guatemala en febrero de 1990, dentro de un área de 21,602.04 km², con el propósito de garantizar la preservación del patrimonio natural y cultural para las generaciones presentes y futuras. 

La reserva es una red de más de dos docenas de unidades de gestión diferentes. Once de estas unidades son concesiones forestales de 25 años, nueve de las cuales son manejadas por comunidades locales quienes obtienen madera y otros productos forestales. Cabe destacar que 476,845 ha de la RBM están certificadas por FSC (divididas en nueve comunidades y dos concesiones privadas). 

A principios de este año se llevó a cabo un evento con motivo del 30 aniversario de la creación de la RBM, donde se destacaron los resultados obtenidos gracias a la gestión forestal responsable:  

  1.  Deforestación casi nula (0.4%), contribuyendo a mantener el 70% del estado de conservación de la RBM. 
  2. En las comunidades, los niveles de desnutrición infantil son más bajos, las tasas de asistencia escolar son más altas y hay poca migración.  
  3. Más de 1,5 y hasta 11,28 jaguares por 100 km², los valores más altos reportados de la especie en el país. 
  4. Menos del 1% de los incendios forestales impacta las áreas de concesiones forestales comunitarias. 

Al enfocarnos en el cuarto impacto mencionado, este cobra una mayor relevancia al tener en cuenta que en Guatemala, entre los meses de enero y junio es temporada de incendios, los cuales se suelen focalizan en Petén (donde se encuentra la RBM). Se calcula que este año se quemaron más que 40 mil hectáreas de bosque, de las cuales el 99% estaba dentro de áreas protegidas, tales como el Parque Nacional Laguna del Tigre, mientras que las concesiones comunitarias se mantuvieron prácticamente libres de incendios.  

Recientemente, el Programa Regional de Investigación sobre Desarrollo y Medio Ambiente – PRISMA ha publicado los resultados de un estudio sobre bosques, incendios y cambio climático en Guatemala1, donde resalta que por ejemplo, si bien en el año 2017, se produjeron 7,794 incendios de vegetación durante la etapa seca en la Reserva, las 398,300 hectáreas manejadas por concesiones comunitarias lograron frenarlos: menos de 1% ocurrieron dentro de sus áreas.  

graph showing forest fire incidences in MBR in 2017

Asimismo, en otro estudio realizado el 2018, PRISMA demostró que en un lapso de diez años, las concesiones comunitarias activas mantuvieron una incidencia de “puntos de calor” prácticamente en cero como se puede apreciar en el siguiente gráfico. 

incidences of forest fires in different forest types in MBR 2017

Estos resultados reafirman los publicados anteriormente por Rainforest Alliance, que encontró significativamente menos deforestación e incidencia de incendios dentro de las concesiones forestales certificadas FSC que en el resto de la región: donde estaba presente la certificación, las áreas devastadas por incendios disminuyeron constantemente de 6.5% (1998) a 0.1% (2007), mientras que en los bosques circundantes, aumentó de 7% a 20%. 

“El modelo de las concesiones comunitarias es el más efectivo contra incendios forestales en Petén. Año tras año, demuestra que las concesiones son el último bastión de conservación forestal al no mostrar incendios notables, mientras que las áreas adyacentes tienen altísimos niveles de afectación”, nos comenta Andrew Davies, Director del Programa de Bosques y Gobernanza Territorial e  Investigador de PRISMA. 

Esto se debe a que las comunidades organizan sus actividades económicas en un plan de gestión sustentable. De acuerdo a Davies, el FSC juega un papel fundamental, estableciendo el marco de esa sustentabilidad en la gestión forestal y de no maderables. Estas actividades permiten que las comunidades inviertan recursos para patrullar los límites de las concesiones, construir y mantener brechas de fuego, apagar incendios (dentro y fuera de las concesiones) así como un monitoreo constante con tecnología GPS y el uso de drones, coordinado con el gobierno de Guatemala. 

En ese sentido, Mynor Hernández de la Cooperativa Carmelita, una de las concesiones forestales certificadas, señaló lo siguiente: “El monitoreo parte de un principio que evalúa las medidas de mitigación referente a prevención, combate y control tanto de incendios forestales como de tumba de árboles, apertura de caminos y tala ilegal. En Carmelita los incendios forestales prácticamente no se dan, pero cuando esto ha sucedido, los mismos no han avanzado gracias a las comisiones comunitarias de control y prevención”. 

Por su parte, Sergio Ortiz, de la Sociedad Civil El Esfuerzo, añadió: “Todas las organizaciones comunitarias son evaluadas y cada una cuenta con equipo y capacitaciones requeridas por la certificadora. Todos hemos aprendido a lo largo del tiempo, que es mejor estar certificados porque de esta forma seguimos produciendo y conservando.”   

Como se puede apreciar, son evidentes los impactos positivos del modelo de concesiones forestales certificadas por FSC en la Reserva de Biósfera Maya de Guatemala y, más allá de las diferencias entre los tipos de bosque que hay alrededor del mundo, el éxito obtenido en la significativa reducción de los incendios forestales en la zona, es un claro indicio de una posible solución que podría replicarse en otras latitudes para reducir su incidencia anual y así evitar un daño irreparable para el medio ambiente.