vista view kentucky forest

En cuanto pones un pie fuera del auto en el bosque, te sientes diminuto. Te recibe una cacofonía de lamentos de insectos y aves en un sonido envolvente, con el volumen subiendo y bajando en el calor del medio día.   

Y luego está el color verde – un profundo verde esmeralda, brillante, un verde amarillento salpicado de sol y casi todos los tonos de verde entreverados como jamás habrías imaginado. Mira hacia arriba y el cielo está lleno de hojas y ramas. Baja la vista y ni siquiera puedes ver el suelo. Tanto el piso del bosque como el dosel están llenos de vida: salamandras, escarabajos, aves canoras. Aunque podría parecer que estás en el trópico, no es así. Estás en lo profundo de los bosques de la región oriental de los Apalaches en Kentucky.

Un establo abandonado de madera color gris blanqueado y casi totalmente devorado por el tiempo se yergue en la entrada de esta extensión de tierra de 1,300 acres, la cual forma parte de una franja mucho más grande de 47,000 acres que adquirió The Forestland Group, una Organización Administradora de Inversiones Madereras (timber investment management organization – TIMO, por sus siglas en inglés) en 2012.   The Forestland Group compra predios boscosos, los maneja y eventualmente los vende. La organización tiene en la mira la mitigación climática y la conservación y se guía por una firme ética ambiental.

Para Alex Finkral, Ingeniero Silvícola en Jefe y Vicepresidente de Conservación de The Forestland Group, es el intrincado tapiz de especies de maderas duras y suaves, como nogal, sicomoro, tuliperos, álamos y roble blanco, lo que hace que estos bosques naturales de la región sean un lugar de trabajo fascinante.

La región de los Apalaches también es el ‘hotspot’ (‘punto caliente’) de biodiversidad más grande de Estados Unidos. Aquí, los micro hábitats forman nichos ecológicos únicos que pueden proteger a las especies raras, amenazadas y en peligro. “Sus dimensiones económicas y ecológicas son como un acertijo que estamos siempre tratando de resolver,” señala.

El acertijo que están intentando resolver aquí no es solo cómo manejar responsablemente un bosque en funcionamiento; este bosque no solo es el sitio de una operación de aprovechamiento sostenible de madera – es un experimento de investigación. The Forestland Group quería saber si se puede hacer un aprovechamiento comercialmente viable que proporcione los atributos correctos de hábitats para ayudar a que ciertas especies raras, amenazadas o en peligro proliferen.

Para lograrlo, pusieron sus miras en una especie en particular: el murciélago. Específicamente, el murciélago orejón del norte y el murciélago de Indiana. Formaron una singular alianza publico privada con la Universidad de Kentucky y entidades estatales y federales para unir esfuerzos “con el espíritu de aprender un poco más sobre murciélagos y lo que les gusta,” nos dice Finkral.

Lo que descubrieron es una solución de manejo forestal sostenible fácilmente aplicable. Esto tiene un impacto positivo no solo para la supervivencia futura de estas dos especies amenazadas, sino que también empodera a los propietarios de bosques para que se vuelvan conservacionistas en sus propios patios.

Con todas sus propiedades certificadas por el Forest Stewardship Council® desde 2005, The Forestland Group ha logrado acelerar su juego de conservación para manejar este bosque responsablemente y también proporcionar hábitats para que las especies proliferen con el tiempo.

“Así pues, necesitas un compromiso con las ideas a largo plazo,” nos explica Finkral. “Es el tipo de lugar al que le puedes dedicar décadas y apenas llegar a rasguñar la superficie.”

Un rasguño a la superficie de este exuberante bosque silvestre es una realidad cotidiana para Steven Roach, Vicepresidente de Operaciones de Advantage Timberland. Él ha estado manejando el aprovechamiento de madera en su propiedad durante los últimos diez años y durante más de 20 años ha trabajado en los bosques.

Roach conoce este bosque como la palma de su mano y lo demuestra al señalar los lugares donde los ciervos de cola blanca lamieron minerales de la tierra, así como las vetas de carbón, intercaladas con arenisca y shale que forman las paredes de roca de la colina.

“Hace tiempo que no subía. Se nota cómo el bosque se vuelve bastante denso,” va diciendo mientras esquiva hábilmente varias hileras de matorrales de zarzamora llenos de espinas, limpiando el camino para los que van detrás. “No permitan que los atrape,” advierte, “no le gusta dejarlos ir.”

Nos dirigimos a la parte del sitio donde se realizó el aprovechamiento, pasando un viejo cargadero de troncos hacia un cruce de arroyo. “Esta zona en el mapa es lo que se llama una corriente perenne,” nos explica Roach, “y cuando tenemos cruces como éste les ponemos conductos y los cubrimos con lodo. Algunas veces colocamos madera o paja cruzada para proteger el arroyo cuando derribamos troncos.”

The Forestland Group ha realizado un arduo trabajo para hacer que este aprovechamiento de madera sea sostenible, usando las mejores prácticas de manejo como el no aprovechar árboles ubicados a 50 pies del arroyo y repoblando zonas con yerba nativa y una mezcla de semillas para estabilizar los suelos.

“Hacemos todo lo que tenemos a mano…incluso vamos más allá de las reformas de MPM,” explica, con un dejo de orgullo escapándose de su acento kentuquiano al hablar de las mejores prácticas de manejo que el estado sugiere que se implementen.

Por ejemplo, si vemos los arrastraderos – senderos formados al llevar los troncos hacia abajo hacia el cargadero ‘arrastrándolos’ o tirando de ellos. Para mitigar la erosión y el daño de la enorme y pesada maquinaria y evitar sedimentos en el arroyo, Roach y su equipo colocaron pequeños troncos de forma perpendicular al camino, en un patrón que se llama tipo pana (como los pantalones de pana).

Finkral admite que aún sin la certificación FSC®, ellos estarían haciendo muchas de estas cosas de cualquier forma. “Pero con el FSC subimos un escalón. Nos volvemos más responsables y aumenta el número de miradas atentas en el bosque. A final de cuentas, todo esto conduce a mejores prácticas.”

Para el experimento sobre los hábitats de murciélagos, The Forestland Group y sus socios designaron tres áreas de tratamiento de alrededor de 100 acres cada una, como tres proyectos silvícolas distintos. Lo que querían era retocar el bosque aquí y allá mediante un aprovechamiento selectivo y aclareo, pero dejando también una zona de control intacta y creando cortas protectoras – cortando pequeñas aberturas de un acre o ‘huecos’ en el dosel para regenerar el crecimiento de nuevos árboles.

Pero, ¿cuál hábitat, cada uno con distinta luz, calor y variantes de fuentes alimentarias, elegirían los murciélagos? Para encontrar respuestas, necesitaban a alguien de primera línea especializado en la protección de hábitats para estas especies. Así que trajeron al ‘hombre murciélago’.

Mike Lacki se inclina sobre su equipo: básculas, un par de guantes y una linterna colocados encima de una caja de arena para gatos volteada, “en lugar de mesa,” dice Mike. Estamos sentados en círculo en el suelo, linternas en mano, tensos pero animados. Todo el asunto tiene el aire de una operación de vigilancia. Pero en lugar de estar aguardando la presencia de delincuentes, estamos esperando atrapar a un murciélago.

“¿Alguien que se anime a ser verificador de redes? Veamos si me consiguen algo. Quiero escuchar un grito de ¡hurra!” Lacki instaló redes de niebla, de malla negra súper fina que casi parecen redes de vóleibol, a lo largo del sendero.

Estamos en el Bosque Robinson certificado FSC, una zona de cuenca hidrográfica de casi 15,000 acres administrada por la Universidad de Kentucky. Aunque el bosque se usa para todo tipo de investigaciones, incluyendo silvicultura, geología y arqueología, el lugar sigue siendo muy silvestre. Recientemente, un oso devoró el anuncio de no transitar por este sitio. Se nos advierte de no aventurarnos demasiado lejos del sendero por miedo a las serpientes cabeza de cobre, especie venenosa común de esta zona.

Es tarde y ya está oscuro, pero a Lacki no le importa ya que comparte un hábito con la especie que ha estado estudiando muy intensamente durante los últimos cuarenta años – él también es un ser nocturno. “Jamás me voy a la cama antes de la una de la mañana,” explica. “Algunas veces sigo despierto a las dos de la mañana y me levanto a las 6:30 de la mañana.”

Ex profesor de silvicultura y vida silvestre en la Universidad de Kentucky, Lacki es ahora profesor jubilado y profesor emérito. Dedicó gran parte de su carrera enfocado a la ecología de conservación y a la historia natural de los murciélagos insectívoros de América del Norte. Ha trabajado con colonias en todo el continente, desde la costa oeste hasta el estado de Nueva York y muchos lugares intermedios.

Lacki, quien se define a sí mismo como “una persona del tipo noche de brujas”, se ha dedicado siempre a los murciélagos. Antes que nada, piensa que es genial que puedan volar. “De niño los miraba por las noches en el cielo y me fascinaba su capacidad de maniobra,” explica.

A Lacki también le atraen sus capacidades de eco-ubicación – cómo utilizan patrones de desplazamiento Doppler para evaluar movimiento, velocidad y dirección e identificar no solo a insectos individuales sino a comunidades enteras. Más adelante en su carrera, Lacki se dio cuenta de la gran cantidad de comunicación que hay entre murciélagos, cómo pueden ayudarse unos a otros para ubicar donde hay comida y donde están otros nidos.

“Entonces, cuando pienso en ellos desde el punto de vista de todo lo que pueden hacer y que nosotros no podemos, ¿qué razón tendría yo para no sentirme fascinado por ellos?” Lacki sabe que los murciélagos tienen mala fama a causa de la rabia (muy pocas personas la contraen), causantes de pandemias (dato no decisivo) y debido a todo el asunto de los vampiros (en Europa no hay murciélagos vampiros).

Lacki dice que se trata de ‘un grupo de animales extremadamente incomprendido’ que desempeña un papel importante en los ecosistemas naturales. Los murciélagos polinizan las plantas y son una fuente natural de control de insectos. Sus heces, conocidas como guano, se acumulan en le fondo de las cuevas y crean un ecosistema completo.

Pero también sirven como medidores de la biodiversidad, pues son extraordinariamente sensibles a cosas como pesticidas y otros factores de estrés ambiental. “La pérdida de murciélagos,” explica Lacki, “nos sirve de indicador de que algo está sucediendo, que algo anda mal.”

En efecto algo anda mal.

Desde 2006, Lacki y otros en su campo han permanecido en ‘modo emergencia’, luchando contra los efectos devastadores del síndrome de la nariz blanca. Se trata de una enfermedad en la que un hongo crece en la nariz de los murciélagos en hibernación, haciendo que se despierten y su energía vital se agote.

La enfermedad ha ocasionado una mortandad masiva y crítica de colonias en zonas de hibernación en todo el país, matando una cifra estimada de 6.7 millones de murciélagos. Las consecuencias han sido graves, en especial para los murciélagos orejones, cuyas cifras han disminuido hasta en un 90 % en el noreste.

Una cualidad de los murciélagos que es esperanzadora en este escenario es que son altamente adaptables. ¿Qué pasa en esos senderos de arrastre que dejan las máquinas cortadoras? Los murciélagos los recorrerán veloces de ida y vuelta – es como el carril de alta velocidad en una autopista. Los murciélagos orejones anidan en los árboles cercanos a la orilla del camino.

¿Y que hay de las aberturas?, esos huecos en el dosel que deja el tratamiento de cortas protectoras. Los murciélagos las adoran. Constituyen excelentes áreas forrajeras, en especial para los murciélagos que cazan a presas posadas y que dependen menos de la eco-ubicación y más en los sonidos de sus presas.

A este tipo de murciélagos como los orejones del norte y los de Indiana, les gusta atrapar insectos en las hojas caídas del piso del bosque. A esta vegetación del suelo se le llama amontonamiento, por lo que los investigadores de la Universidad de Kentucky cambiaron la distribución del amontonamiento en sus zonas de tratamiento, creando una mezcla de especies tolerantes e intolerantes a la sombrea para que por la noche, los murciélagos anidados no tengan que ir lejos a buscar su alimento.   

Dejar los grandes árboles sin amontonamiento abre un refugio, un lugar donde los murciélagos pueden anidar y criar a sus pequeños. Los grandes árboles huecos con corteza escamosa son lugares seguros para la micro hibernación/entrar en letargo durante el día. Incluso pueden regular su propia temperatura corporal subiendo y bajando por el árbol para lograr una mayor o menor cantidad de luz del sol.

Estos cambios artificiales imitan las perturbaciones naturales y crean condiciones para que los murciélagos proliferen. “Es la madre naturaleza …pero un poco más organizada,” señala Finkral.

Corredores aéreos fáciles y un acceso inmediato al alimento significa murciélagos saludables y les ayuda a comer más eficientemente y a subir de peso. Esencialmente, también disminuye el síndrome de la nariz blanca ya que las especies pueden esparcirse. Ya no tienen que agruparse tanto y propagar la enfermedad.

Al cabo de cerca de hora y media de iniciada la vigilancia, vemos regresar a un corredor vigilante de redes sosteniendo una pequeña bolsa con algo dentro moviéndose. “O está preñada o acaba de alumbrar,” dice Lacki, analizando a la murciélaga, “en todo caso está lactando.”

La muciélaga se retuerce, luego se acicala, luego su lengua sale disparada para atrapar insectos mientras la cámara dispara debajo de ella, sin darse cuenta de su condición actual de estrella famosa. “Debido a que está saliendo de la hibernación, si el hongo la llegó a afectar es probable que esté baja de peso y un poco debilitada en su fisiología y metabolismo. Aún así, ella tratará de sacar adelante a sus críos.”

A diferencia de otros mamíferos, explica Lacki, estos murciélagos no tienen camadas numerosas y solo tienen una o dos crías al año. “Así que, cuando eso es todo lo que puedes producir, la capacidad para que tus poblaciones repunten tarda mucho más tiempo.”

Lacki extiende con todo cuidado las delgadas alas tipo telaraña que tienen una textura tan delicada como de pergamino. Los insectos rodean su linterna frontal como locos. Una libélula gigante aterriza en su mejilla y permanece ahí. El la ignora por completo centrando su atención en la murciélaga. Sus ojos brillan de asombro, como los de un niño.

“Así pues, tenemos la esperanza de poder crear condiciones que sean buenas para que las jóvenes hembras afectadas sobrevivan la época de maternidad de varano y se recuperen lentamente,” dice Lacki.

“Sé que estás enojada. Vamos, vamos.” Ya no puede detenerla mucho más tiempo. Está chillando. “¡Eres libre!” dice al liberarla para seguir con las tareas de la noche.

En los caminos vecinales de Hazard, Kentucky se encuentran almacenes tapiados, casas rodantes y plantas de preparación de carbón abandonadas. La producción de carbón, en alguna época una importante fuerza económica en esta región, descendió aquí el año pasado a su nivel más bajo desde 1965. Pero el sector forestal sigue siendo fuerte, aportando casi $14 mil millones de dólares de EE.UU. de aportes económicos y creando un estimado de 53,000 empleos.

Jeff Stringer, Presidente del Departamento de Silvicultura y Recursos Naturales de la Universidad de Kentucky, está parado sobre una pila de duelas de roble blanco o planchas, perfectamente apiladas. Estamos aquí en el centro de utilización de madera de la Universidad de Kentucky, sitio de un antiguo aserradero en la orilla del Bosque Robinson, el cual forma parte de un grupo de bosques certificados FSC que él administra.

Stringer explica que los troncos de roble blanco de alta calidad pueden usarse como chapa o para duelas de barrica como la pila en la que estamos parados para añejar el legendario bourbon de Kentucky. Los troncos de menor calidad pueden cortarse en durmientes para vías férreas. “Cada especie sirve para distintas cosas. En un mismo árbol, también tienes distintos tipos de productos.”

Stringer es una persona pragmática: conoce bien esta tierra y a su gente y sabe que los leñadores seguirán extrayendo madera. Pero, en términos del manejo forestal y preservación de hábitats, le gustaría llegar a un arreglo y sabe que eso es posible.

“En algunos lugares, como incluso en Kentucky occidental, la tierra es más bien una mercancía. Compras y vendes y ganas dinero,” dice Stringer. “Aquí, es como el patio de tu casa y tienes un vínculo emocional mucho más profundo con la tierra.”

Más del 75 % de los bosques privados del país pertenecen a pequeños propietarios, repartidos en pequeñas parcelas principalmente en el sureste.

Entonces, ¿cómo convences a las 430,000 personas que son dueñas de tierras en Kentucky que tomen en consideración la biodiversidad? Es precisamente ahí que entran los resultados del estudio.

“La belleza de esto es que puedes tener a un propietario promedio con 100 acres de bosques, ¿de acuerdo? Ese propietario puede hacer esas pequeñas aberturas. Todos los propietarios podrían hacer eso.”

Las mismas prácticas, como cortes distribuidos implementados a gran escala por The Forestland Group, puede hacerlas a muy pequeña escala un bosque familiar, así como también propietarios de pequeños predios boscosos.

Si estás certificado FSC, otro incentivo económico para pequeños propietarios es que ellos pueden vender madera de alta calidad y productos de pulpa a un mercado de madera certificada FSC. No solo es algo bueno para los bosques sino también para los murciélagos.” … porque ahí no tienes maquinaria funcionando, no hay helicópteros volando, soplando herbicidas en todos lados,” explica Stringer.

Stringer dice que las auditorías FSC ofrecen salvaguardas. “Hemos tenido propietarios de tierras que no habrían llevado a cabo un aprovechamiento de madera en tanto no hubieran conseguido la certificación FSC porque esa certificación les aseguró que habría experiencia técnica en la operación para ayudarles a cumplir sus objetivos de sostenibilidad.”

Cuando de inversión se trata, Finkral admite que bosques de especies mixtas de maderas duras del este versus solamente sembrar árboles en filas puede ser difícil de vender. “Esto es confuso,” dice. “Aquí, las personas caminan en este desorden de diversidad de especies, irregularidad del sitio, suelos rocosos, delgados y suelos profundos fértiles y dices ¿qué diantres está pasando?

Luego está la complejidad del tiempo – a las maderas duras del este les toma décadas madurar, y las decisiones que tomes ahora sentarán las bases para la sostenibilidad que ocurrirá a lo largo de períodos prolongados. Donde esto encaja bien, Finkral considera, es como una parte de una cartera de inversión diversificada: porque cuando cae el valor de las acciones en la bolsa, los bosques no pierden valor – siguen subiendo de valor. El compromiso de The Forestland Group con los estándares de manejo forestal del FSC ayuda a tranquilizar a los inversionistas. Finkral: “Para muchos inversionistas, las inversiones en los bosques son muy arriesgadas y asustan. El FSC ofrece un pequeño sedativo amable – todo va a salir bien.”

Para el The Forestland Group, ellos están garantizando que lo que aprendieron sobre murciélagos puede funcionar en el terreno – tomaron los datos y salieron corriendo. Han incorporado los resultados del estudio sobre murciélagos a su Portal de Información Forestal, una base de datos interna de todas sus propiedades. Ahora, los administradores forestales como Steven en otros estados tienen herramientas poderosas que pueden usar para identificar la presencia de especies raras, amenazadas y en peligro como los murciélagos. Pueden priorizar su protección a través de zonas de conservación designadas, siguiendo indicadores vitales de biodiversidad que forman parte de los estándares de manejo forestal de EE.UU. del FSC.

El estudio de los murciélagos en si sigue en curso y Mike Lacki espera gustoso regresar en diez años para verificar cómo la diversidad de edades del bosque afectó a los murciélagos. Aún cuando ya está jubilado, dice que lo haría de cualquier manera – como un detective que regresa para resolver un solo caso más.

Como muchos otros, le resulta imposible resistir el aire de intriga que rodea a estas misteriosas criaturas. Los murciélagos están en todos lados, en cada continente, con excepción de la Antártida. Aunque se estima que en el mundo hay alrededor de 1,200 especies de murciélagos, Lacki dice que solo una cuarta parte ha sido estudiada.

“Hay tantas cosas más sobre murciélagos que sencillamente ignoramos.”