Esto la convierte en uno de los recursos más preciados en este tiempo de explotación sin sentido y de inminente fatalidad que nos trae el cambio climático.

En nuestro empeño de contribuir a preservar y proteger los bosques del mundo y sus recursos, el Forest Stewardship Council (FSC) aboga por un modelo de manejo forestal que no sólo sea económicamente viable, sino también ambientalmente adecuado y socialmente beneficioso.

En la República del Congo, el FSC tiene 2,5 millones de hectáreas de bosques certificados, y se esfuerza cada día en asumir de frente los muchos desafíos a los que se enfrentan los bosques del mundo, incluso cuando nuestros titulares de certificados escuchan diversas opiniones en sus áreas de operación.

En el pueblo congoleño de Pokola hay 6000 personas que viven en los bosques que se encuentran alrededor del área donde trabaja la empresa certificada CIB-OLAM.

En virtud del Principio nº 4 del FSC, que establece que “La Organización deberá contribuir al mantenimiento y/o la mejora del bienestar social y económico de las comunidades locales”, la empresa mantiene unos 1000 km de carreteras y tiene un hospital que opera para las comunidades locales y los Pueblos Indígenas.

Estas carreteras han permitido a las comunidades conectar con mercados locales para vender el pescado que capturan en los cuerpos de agua cercanos y las plantas como (como el Saka Saka y la Yuca) que recolectan en los bosques.

Las carreteras también han facilitado en gran medida el acceso a hospitales y atención sanitaria.

Bantu women, Merline (L) and Paola (R), each have three children and live in the village of Pokola

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud el índice de mortalidad materna de la República del Congo es de 442 (por cada 100.000 nacimientos vivos), situándola en el 25º peor país para este indicador.

Las mujeres bantú Merline (a la izquierda de la foto) y Paola (a la derecha) tienen cada una tres hijos y viven en el pueblo de Pokola. Son beneficiarias de modernos servicios sanitarios en un país donde el acceso es limitado. Habiendo tenido la experiencia de parir en casa y en el hospital, declaran que prefieren este último.

“Parir a un bebé en casa es solitario y arriesgado” dice Paola, de 25 años, “Me puse de parto cuando no había nadie en casa. Tuve que esperar que volviera mi madre para ayudarme y afortunadamente llegó a tiempo”.

Además es más seguro para la salud del bebé nacer en un hospital, según Merline.

“En el hospital los doctores se aseguran de que los recién nacidos reciban sus vacunas inmediatamente después del nacimiento. Para nosotras como madres, hay menos oportunidades de infección y más apoyos – Si el bebé está en una posición difícil es bueno tener un doctor y una matrona cerca.”

Pokola hospital

La presencia de concesiones forestales manejadas de forma sostenible ha traído también un acceso más amplio a la educación para los niños de las comunidades del Congo.

Mientras algunas construyen escuelas para las comunidades, otras juegan un papel decisivo a la hora de ayudar en el establecimiento de escuelas en sus áreas de operaciones. Muchas de éstas están construidas cerca o dentro de asentamientos o pueblos Baka.

Por ejemplo, una empresa de manejo forestal certificada FSC ayudó a generar conciencia sobre la importancia de una escuela involucrando al personal Indígena para que informara a los habitantes de Mokobo sobre el proyecto y respondiera a cualquier duda que pudieran tener.

Aunque la escuela fue construida por el gobierno de la República de Congo en colaboración con la Agencia de Desarrollo de EEUU (USDA, por sus siglas en inglés), CIB-OLAM desarrolló un reconocimiento del lugar y estuvo involucrada en los trabajos de preparación y allanamiento del terreno, creando las condiciones adecuadas para la construcción.

Dining hall of the school in Mokobo

En la foto superior está el comedor de la escuela de Mokobo. Cuando terminan las clases, los niños reciben un almuerzo, financiado por el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas

Tradicionalmente cazadores recolectores, los Baka enfatizan la importancia de preservar su cultura y tradiciones. Su forma de vida exige una educación más práctica, basada en el aprendizaje de habilidades para la vida, necesarias para sobrevivir y desarrollarse en los bosques donde habitan.

Los chicos Baka aprenden actividades como pescar y cazar, utilizando herramientas fabricadas con materiales que recolectan en los bosques. Las chicas realizan actividades como capturar peces en las corrientes y también son responsables de cuidar a los pequeños cuando sus madres están recolectando comida.

Construir escuelas cerca de las comunidades Baka e involucrarlas en el proceso de introducir nuevos sistemas educativos junto a su educación tradicional es un paso importante para facilitar la inclusión.

Un punto decisivo en el marco de la misión del FSC de promover soluciones ambientalmente apropiadas, socialmente beneficiosas y económicamente viables para el manejo sostenible de los bosques es el involucramiento de los actores sociales – y se refleja en el diálogo constante y la interacción activa que realizan las empresas certificadas FSC.

Esto puede hacerse colaborando con los gobiernos para obtener un valor económico, certificando las concesiones para servicios del ecosistema o involucrando a las comunidades locales o indígenas, para desarrollar sus negocios en conjunto con las creencias y sistemas de sus habitantes originales.

Una empresa no es nada sin su gente. Esto es especialmente cierto en el caso del manejo forestal, porque las empresas pueden saber como ganar dinero, pero los pueblos tradicionales son un tesoro oculto de conocimiento sobre sus bosques que pueden a su vez ayudar a mantener el negocio.